Cabárceno, la mirada del bisonte

Cabárceno, la mirada del bisonte

Regresamos, tras el letargo del tiempo que corre, nos paramos unos instantes a reflexionar. Es necesario regresar a la esencia, al núcleo y a la fuerza que nos vio nacer. La fuerza de una mirada, por primera vez, frente a frente, bajo el sol de la mañana, un reencuentro esperado, deseado y soñado. De la piedra a la realidad. Los dedos, tantas veces manchados en ocres y carboncillo por fin tan cerca del original. Ella se aproximó a nosotros. Lenta pero segura. Mi corazón palpitaba de emoción. Nunca les había visto, nunca tan cerca, apenas separados por un entibado de madera. Su pelaje la caracteriza. Y esos cuernos como los de las pinturas rupestres. Su sonrisa y ese ojo que se asoma entre la espesura de sus párpados. Se acerca y coloca su cabeza muy próxima a mi mano. Y en un segundo nos miramos. Un segundo que se hace eterno y retrocedemos hasta 15.000 años atrás. Paleolítico superior y los artistas de la prehistoria frente a los bisontes de Altamira. Yo frente a los bisontes de Cabárceno. Y de repente la hembra emite un sonido lento y profundo que me eriza la piel. Y siento el calor de su respiración muy próxima. Allí, frente a frente, tan cerca que podría tocarla y acariciarla. Todo sucede en un instante. Como un saludo de bienvenida, se aproxima y nos concede su tiempo y hasta nos permite dibujarla, en el silencio y la quietud de las tempranas horas todavía ausentes de turistas y niños que gritan como si aquello fuese un espectáculo circense.

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Bisonte de Cabárceno

Bisonte de cabárceno

Su mirada lacónica se despide. Gira y camina lenta hacía su manada. Pero la mirada del bisonte, como un auténtico viaje a la prehistoria queda impresa en mi alma. Al regresar a casa, descubro con sorpresa que la impresión y la mirada no es la misma de las de los bisontes que tan acostumbrada estoy a ver, los bisontes de la cueva de Altamira. Ella esta muy tranquila, casi demasiado. Ella no vive en libertad. Ellos, nuestros ancestros, pintaron a los famosos bisontes en libertad, con la fuerza y la majestuosidad que les caracteriza. Con la fiereza de un animal que se mueve en manada, que protege su territorio y a los suyos. Como un animal que se defiende para no ser atacado y que trata de sobrevivir en condiciones pésimas de frío, hambre y peligros constantes.

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Pero aun así, estar tan próximos a los auténticos bisontes, al menos, de esta forma, es todo un regalo para nosotros. La primera experiencia, única por otra parte, nos transporta sin quererlo a un nuevo viaje a la prehistoria más auténtica, la de los animales que acompañaron a nuestros ancestros. Todo lo imaginado se vuelve más real. Toda la dificultad a la hora de representar un animal en movimiento se duplica y sobre todo si se le representa con la fuerza del pensamiento y el recuerdo. Desde luego, el artista de Altamira lo era, y por muchas razones.

Lorena

© Viajes a la Prehistoria

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