Camino a Santo Domingo de Silos

Camino a Santo Domingo de Silos

 

Camino a Santo Domingo de Silos: donde el silencio «habla»

Existe un lugar, enclave de caminos que conducen a Dios, puerta hacía la meditación y la oración, donde pocos viajeros se paran para escuchar a las piedras. Es en este lugar, donde tuve la oportunidad de sentir las energías vivas de lo innefable, de lo que no se puede ver ni tocar, de lo que no se puede fotografiar ni pintar, pero que guarda, en el interior de cada hendidura rocosa de su memoria ancestral, las huellas del pasado que nos precedió. En este lugar, por primera vez, tuve la oportunidad de escuchar el silencio. Esta expresión puede parecer a priori incongruente pero sin duda es una de las experiencias más maravillosas para los sentidos. Un alto en el camino donde la nada y el todo se unen para que el viajero pueda refugiarse en una de las oquedades naturales, cerrar los ojos y escuchar. De repentre, será, mediante el sonido repetitivo del zumbido de las abejas y otros insectos al volar, cuando sentiremos que el silencio nos habla. Se comunica con nosotros desde la otra parte de las paredes rocosas y allí en medio, entre susurros, sentiremos la libertad y la tremenda sensación de formar parte de todo lo creado.

Este lugar, te introduce cual embudo extrasensorial, en un paraíso prehistórico. Donde cuevas escondidas y abrigos de piedra, junto con el vuelo del buitre leonado, rey de estos parajes, conducen al visitante a un estado alterado de conciencia. Un estado favorable, positivo y de desconexión con la vida cotidiana. Este lugar se abre paso en el transitar hacía el Monasterio de Silos, lugar de culto, oración, silencio y meditación. Una vez más, un lugar creado por la naturaleza, un lugar de poder natural que se convierte en la antesala de lo que siempre el hombre, en el tiempo sucesivo tratará de imitar. Buscando la trascendencia que la naturaleza le brinda de manera espontánea.

© Viajes a la Prehistoria

 

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