Cueva de la Araña, Bicorp, historia de un descubrimiento

Cueva de la Araña, Bicorp, historia de un descubrimiento

 

Nos trasladamos al año 1920 y a uno de los corresponsales de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas y profesor de la escuela Normal de Barcelona D. Jaime Poch y Garí, que tras una excursión al Macizo del Caroche, concretamente en Bicorp, había sido informado de la existencia de determinadas pinturas en las paredes de algunos abrigos y que informaba con entusiasmo a Eduardo Hernández Pacheco, animándole a que las visitara y estudiara, pues estaba convencido de que se trataba de pinturas prehistóricas.

Fuente: http://simurg.bibliotecas.csic.es/viewer/image/CSIC000087673/1/#topDocAnchor

Así, en verano de ese mismo año, partió la comisión de investigaciones formada por Francisco Hernández Pacheco, Benítez Mellado, el descubridor Poch y Garí y Eduardo Hernandez Pacheco, autor de las memorias.

Como la expedición iba para largo, y los abrigos de Bicorp están lejos del pueblo, deciden acampar en las inmediaciones de los abrigos, llevando para ello además del equipo técnico, equipo de acampada ligero.

Fuente: http://simurg.bibliotecas.csic.es/viewer/image/CSIC000087673/1/#topDocAnchor

Es fascinante imaginarles caminando con la mochila a cuestas, cuando conoces estos lugares solitarios y agrestes, en los que hay que pensarlo dos veces antes de quedarse uno a dormir al raso. Pues, cualquier sonido en la noche, puede dar más que un susto (jabalíes, serpientes, etc..). Pero sigamos con la expedición.

Cuentan las memorias, que el tramo que separa Xátiva de Bicorp y que en la actualidad se realiza en menos de media hora en coche, lo hicieron los protagonistas del mediodía al anochecer, hospedándose en la casa de un guía que habían contratado para acompañarles.

Al día siguiente salían con dos machos y una yegua, los bultos, el guía, y el hijo del mismo hacía los abrigos. La noche amenazaba tormenta y hacía calor y bochorno, típico de las calurosas noches de verano en Valencia.

Les pillaría al amanecer una “tronada” y lluvia en el campamento, y tendrían que esperar a que amainara, disfrutando de una sorprendente cascada de lluvia que resbalaría por las paredes de la gran cueva de la Araña donde habían instalado el campamento.

Fuente: http://simurg.bibliotecas.csic.es/viewer/image/CSIC000087673/1/#topDocAnchor

Así fue como comenzaron los primeros trabajos de investigación y documentación de la cueva de la araña de Bicorp y de toda la comarca, y como se dieron cuenta, en palabras textuales E. Hernandez Pacheco, autor de la memoria, se dieron cuenta, allí acampados tantos días:

cueva de la araña

“de cómo vivían allí nuestros antecesores prehistóricos cuya morada ocupábamos al cabo de los milenios”[1].

 

[1] http://simurg.bibliotecas.csic.es/viewer/image/CSIC000087673/1/#topDocAnchor

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