Cueva de La Loja (Asturias), una visita para repetir

Cueva de La Loja (Asturias), una visita para repetir

Hay momentos irrepetibles en el interior de una cueva. Momentos que te llenan de emoción y te encienden la chispa. Hoy en el interior de la Cueva de la Loja y acompañados de excelentes compañeros de ruta, hemos vivido un minuto de auténtica conexión con la esencia de la cueva, con su  pasado, pero como todo, lo contaremos a su debido tiempo, mejor comenzaremos por el principio.

No podemos más que estar agradecidos por la invitación que recibimos por parte de Oscar y Saúl, para llevarnos a conocer una cueva, que francamente, habíamos pasado cerca, pero que nunca habíamos visitado.

El desconocimiento, muchas veces, de lo que guardaba en su interior y la escasa publicidad sobre ella, que a nuestros oídos había llegado, no hacían justicia con las sorpresas que hoy nos aguardaban en este maravilloso paraje próximo a los Picos de Europa y por supuesto, con la maestría de Oscar,  que nos la mostraba encantado. Apasionado como es de la prehistoria, y tantos años al frente de la cueva, hacen de él, un guía excepcional, que te introduce en la prehistoria de una manera muy peculiar y especial. Casi desde el principio y en el entorno conocido como Peñamellera Baja, nos sentimos como en casa. Un caluroso abrazo, que apaciguaba por unos segundos el frío ambiental, nos hizo sentir especiales.

AULA DE INTERPRETACIÓN DE LA CUEVA

Clase magistral de industria lítica por parte de Oscar. La posibilidad de tocar con nuestras manos aquellas herramientas musterienses, que fabricaron neandertales hace tantísimos años, nos despertaba la curiosidad mientras aprendíamos de primera mano, su fabricación, sus nombres científicos, su forma de utilizarla, de cogerla, incluso el material del que estaban hechas, cuarcita en su mayoría, y la posible procedencia del sílex de algunas de aquellas herramientas. Un sílex ámbar, que no se encuentra en Asturias, sino que aquellos grupos humanos debieron de traer de otro lugar o intercambiar con otros grupos humanos.

Toda una gozada que no se puede sentir en cualquier visita a una cueva prehistórica o centro de interpretación, puesto que casi nunca algunos de estos materiales se encuentran a la mano del visitante, para no solo despertar su curiosidad sino dar rienda suelta a la experimentación. Todo un acierto, desde luego.

A continuación, algunos de estos útiles en piedra de los que hemos podido aprender, tocar y disfrutar:

¿UNA MANDÍBULA DE BISONTE?

Las pequeñas sorpresas se sucedían, mientras de la mano de nuestros amigos, nos sentíamos invitados de lujo. Tanto es así, que de repente, teníamos frente a nosotros la mandíbula, nada más y nada menos, que de un Bisonte. Un animal prehistórico que tantos paneles de arte rupestre ha llenado.

Una emoción inmensa me humedeció los ojos. Aquella pieza milenaria, tan próxima a nosotros. Pieza, que localizada tras el acondicionamiento de una carretera, podría haber pertenecido a los habitantes de alguna de aquellas cuevas Asturianas. Puesto que incluso algunas líneas podrían no ser casuales y formar parte de algún tipo de dibujo o grabado en hueso.

Un regalo para nosotros y para todos aquellos que quieran descubrir la prehistoria siendo protagonistas de la misma, durante algunas horas. Pero no todo había terminado.

Llegaba el momento de entrar por fin en el interior de la cueva.

LA CUEVA DE LA LOJA

Descubierta en 1908 por Breuil, Alcalde del Río y Mengaud, la cueva contiene hasta el momento, dos localizaciones de Arte Rupestre Paleolítico en diferentes estancias a la que sumamos una tercera de la Edad del Bronce, según los expertos.

En primer lugar y muy próxima a la entrada, una representación en rojo, nos sorprende por su ubicación en el vestíbulo de la misma. Podemos disfrutarla muy cerquita de nosotros y por largo tiempo, mientras el guía nos va introduciendo en la historia de la cueva.

No eran habituales este tipo de símbolos abstractos en las entradas de la cueva, por lo que se llegó a interpretar por los especialistas, como una seña de identidad de un determinado grupo humano. No pudiendo aventurarnos en ningún tipo de interpretación más, disfrutamos de las dimensiones de la cueva y de su temperatura, que oscila en unos 13 grados y que nos aporta algo de calor en un día bastante frío.

Las dimensiones del vestíbulo son amplias y se sabe, por unas primeras excavaciones que realizara el Conde de la Vega del Sella, que nuestros antepasados no solo pintaron y grabaron en el interior de la cueva, sino que también habitaron.

Podemos advertir, al mismo tiempo, que desde que se realizara aquella intervención e investigación en el año 1929, nadie ha vuelto a investigar la cueva. Quizás, como nos pasó a nosotros, no se está haciendo justicia con una cueva, que puede revelar todavía muchos hallazgos en su interior para el conocimiento de las sociedades del Paleolítico en el Norte Peninsular. Sin duda, queda mucho por hacer y descubrir, en una cavidad que presume de ser una de las primeras halladas en Asturias junto con la Cueva del Pindal.

NOS ADENTRAMOS EN LA CUEVA

Linternas en mano, vamos disfrutando no solo de las formaciones geológicas y de las explicaciones de Oscar, sino de los pequeños habitantes de la cueva. Seres que residen en la mayoría de las cuevas y que pasan desapercibidos para nuestros ojos, mientras que seguramente, nosotros somos intrusos en sus moradas de piedra.

LA EDAD DEL BRONCE Y LOS EQUINOCIOS, ARQUEOASTRONOMÍA EN ASTURIAS

Más sorpresas en una minúscula oquedad, en la que apenas cabíamos tres personas.

En silencio y oscuridad, un símbolo nos sorprendía en aquella pared. Se encontraba a un metro del suelo. Estaba hecho con carbón y tenía una característica muy especial.

Justo a nuestra espalda se abría un pequeño pasadizo que dejaba entrar la luz exterior. Pero no todo acababa ahí. Seguidores como somos de la arqueoastronomía y de todos los fenómenos celestes que pudieron acompañar las creencias, ritos, pinturas o construcciones de nuestros antepasados en la prehistoria, aquel símbolo, en aquel lugar y a un metro del suelo no era casual. Cada equinoccio de primavera y otoño, los rayos del sol, entraba por la oquedad e iluminaba este símbolo tan peculiar y tan relacionado con los cultos al sol que dibujamos personalmente a continuación.

EL PANEL NEGRO

Seguimos adelante y nos detenemos frente a un panel ennegrecido de óxido de manganeso. No se sabe si antes o después de las representaciones rupestres que estamos a punto de ver. Antes significaría que nuestros antepasados elegirían el panel perfectamente coloreado de forma natural como soporte para sus grabados. Después significaría que ellos mismos habrían manchado aquella pared como forma de preparación para representar aquellas figuras. De una u otra forma, allí estábamos todos esperando que las linternas alumbraran aquella obra delicadamente perfilada del arte paleolítico Magdaleniense. O lo que es lo mismo, figuras de hace unos 14.500 años de antigüedad.

El panel se sitúa como a cuatro metros de altura desde el suelo actual de la cueva y está compuesto por cinco figuras de animales grabadas. Se interpreta como una posible manada de Uros, (toro salvaje de la prehistoria) junto a un sexto animal que dominaría la escena, o al menos, esa es la sensación que nos da a la mayoría, cuando alumbramos la escena desde otra perspectiva.

Este sexto animal, realmente cuando uno observa la figura se parece a un caballo, pero cierto es que parece tener unos cuernos hacía abajo, lo cual, entra en conflicto con una definición de la figura concreta.

Pero más allá de las interpretaciones del Arte Rupestre, que como todos sabemos, muchas veces son dudosas, dependiendo de los ojos que las miren, la cueva de la Loja esconde en su interior un panel de Arte Rupestre muy hermoso y al que no estamos acostumbrados.

Resulta muy ilustrativo y paradójico, esta elección del panel negro para resaltar las figuras grabándolas con finas y delicadas líneas, que incluso en algunos casos ofrecen la sensación de movimiento, sobre todo, cuando jugamos con las luces, bajándoles la tonalidad, logrando que se asemejen a llamas de fuego en movimiento.

Es fantástico poder disfrutar así de una cueva y sentirse por algunos minutos formando parte de esta prehistoria que nos legaron nuestros antepasados y que milagrosamente ha quedado como un testigo único hasta nuestros días.

UN MOMENTO ÚNICO

Para finalizar nuestra primera visita a la cueva de la Loja, no podía faltar un pequeño encuentro con lo remoto, y es que las visitas así son las que merecen la pena. Las que se guardan en los corazones y en nuestra retina durante mucho tiempo.

Tener algunos minutos para disfrutar en silencio de la oscuridad y del lenguaje de la cueva fue emocionante. Apagamos las luces y allí estábamos todos, en silencio, con la mínima luz, alumbrando aquellas figuras que parecían querer comunicar algo. Con el sonido de las gotas de agua sobre las rocas y el eco que retornaba  hasta nuestros oídos por los pasadizos que quedaban a nuestra Izquierda. Con nuestra respiración casi contenida y con las miradas concentradas en aquellos uros, que caminando casi de puntillas, sobre el borde escarpado de la roca, hacían un acopio de equilibrio mientras se dirigían lentamente hacia el interior de la cueva.

cueva de la loja

Una escena digna de una gran cueva paleolítica, como es la Cueva de la Loja, en Asturias. ¿A qué estás esperando para descubrirla?

 

© Viajes a la Prehistoria

 

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2 Comments

2 thoughts on “Cueva de La Loja (Asturias), una visita para repetir

  1. Oscar Sanchez Gomez dice:

    Oye por favor que me vais a hacer
    enrojecer

  2. Juanita Bertrand Rio dice:

    he visitado La Cueva de la Loja, jamás pense lo que iba a encontrar, un viaje a la prehistoria
    narrada por Oscar, que cuenta con pasión cada detalle.
    Un saludo desde Málaga.
    Juanita.

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