La Prehistoria y el silencio

La Prehistoria y el silencio

El silencio en las visitas a la prehistoria, sobre todo cuando se trata de cuevas, debería de ser una parte más de las rutas turísticas.

Muchos son los enclaves cuyo principal atractivo es un retorno a la prehistoria, mientras nos adentramos  en el interior de cuevas, abrigos o dólmenes y muchos son los enclaves en los que podemos disponer de guías cuyo trabajo excepcional nos abre las puertas al conocimiento y a entender nuestras visitas desde puntos de vista más dinámicos. Pero, a pesar de esto, el conocimiento no es tan solo la historia del enclave o de su descubrimiento o de sus excavaciones, sino que muchas veces viene dado por los sentidos. Sentidos que se activan en silencio. Reconozco que no es la primera vez, que estando en el interior de una cueva, he deseado que el murmullo itinerante cesara por algunos segundos, las luces se apagaran y poder interiorizar y contemplar la cueva, el bosque o una catedral desde el silencio y el espíritu. A veces, he estado a punto de solicitar a los asistentes un poco de silencio y contemplación, meditación y comunicación con le entorno, pero entiendo, que muchas veces, los mismos visitantes han de aprender a ver estos lugares y entenderlos desde otros sistemas de comunicación humana. Seguramente, si los guías y encargados de estas visitas promovieran de vez en cuando estos minutos en silencio, como me ha pasado en otras visitas, el turista quedaría fascinado de escuchar el silencio, la cueva, las gotas de agua, de observar una pintura y concentrar sus trazos en ese único y exclusivo resto de pigmento que decora un pequeño y recóndito lugar de una cueva o abrigo.

Y es por ello, que desde viajesalaprehistoria, nos gustaría promover este tipo de visitas, donde se una el conocimiento con el espíritu. Una forma de interactuar con la cueva pero también con las personas. Todo en un pequeño esfuerzo tanto de los guías como de los turistas por apreciar desde dentro “inter legere”, lo que tenemos a nuestro alrededor.

Las cuevas, los lugares sagrados, las catedrales o cualquier otro lugar que haga expandir nuestros sentidos y despierte al “alma activa”, no son lugares de parloteo y cuchicheo constante, son lugares para ver, saborear, meditar, entender y experimentar. Viajes a la Prehistoria, quiere transmitir esta nueva forma de viajar, donde el ser humano aprenda de los lugares, eternamente naturales que provocan sensación se salud y bienestar, alegría, y relajación, además de todo el conocimiento que los expertos puedan transmitirnos, y por ello, todos, tenemos que participar a la hora de explicar, a los que no saben, callar cuando hay que callar, y ofrecer la magia y la sabiduría ancestral de nuestros antepasados a los que, por las vidas que nos toca vivir, la han olvidado.

 La música, el viento, la lluvia, los ríos, la tierra mojada o los rayos del sol atravesando las oquedades de una cueva olvidada, no son sino el reflejo de los estímulos que nuestras almas dormidas necesitan para sentirnos vivos, felices y completos.

© Viajes a la prehistoria

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