Viajero romántico

Viajero romántico

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De viajeros románticos, cuadernos gastados y rutas impensables..

Los viajer@s románticos todavía existen. No hace mucho, que todavía me encontraba en una de las clases de arqueología, cuando una de mis profesoras, tiró mis sueños de comprar mi primer cuaderno de campo por la borda. “Eso, -dijo-, forma parte de la arqueología del siglo XXI y XX”. Hoy llevamos ordenadores, tablet, Smartphone  y toda una serie de artilugios tecnológicos que han acabado por completo con la idea más que romántica del antiguo viajero y arqueólogo, ataviado con su mochila, sus botas y su cuaderno a todas partes. No seré yo quien destruya los avances y sus enormes beneficios para la ciencia y la investigación. Sin duda, cada día es más rápida y veloz la cantidad de información que estamos descubriendo y procesando a un ritmo que jamás habríamos soñado. Pero no me lo pueden negar. El cuaderno y el lápiz son imprescindibles. Imaginen la sensación de olvidar sus móviles por algún tiempo. Cerrar los ojos, respirar el aire más puro. Escuchar el sonido de los pájaros y de de otros animalillos que viven en aquellos parajes mientras se dejan envolver por la naturaleza que les rodea. Seguidamente, volvemos a abrir los ojos, y frente a nosotros, una pintura rupestre en el fondo de una oquedad. La observamos y buscamos nuestro cuaderno. Lápiz en mano, dibujamos lo que parece ser un antropomorfo con los brazos en Y. El trazo, seguido sobre la hoja de papel, regresa a casa. Una vez sobre la mesa de trabajo, volvemos a mirar esas páginas. Años más tarde, abrimos uno de los cajones del viejo escritorio. El cuaderno, entre otros objetos que hemos acumulado, sigue ahí. Sus tapas, rojas, sucias y desgastadas nos invitan a asomarnos al pasado. Una, dos, tres, cuatro y ahí está de nuevo. En la quinta página, muy cerquita del margen y en tonalidad rojo ocre, aparece nuestro antropomorfo nuevamente. Nos sentamos en el suelo y nos vamos, a esa mañana de abril, en la Peña Cabrera, mientras caminábamos entre el zumbido de las abejas y el aroma de la primavera. Me descalzo los pies para sentir el calor del sol entre los dedos y saco mi bocata de jamón serrano y aceite de oliva. Cierro los ojos y han pasado 8 años. Y el antropomorfo sigue ahí, en el cuaderno de viajes..pero claro, esto solo son cosas de un tal viajero romántico.

© Viajes a la prehistoria

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Giuseppe, pintando a la acuarela una de las entradas de la cueva.

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Lorena, cuaderno en mano para notas y apuntes.

 

 

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